viernes, 3 de abril de 2009

de volon 1

El hermoso consuelo de encontrar el mundo en un alma, de abrazara mi especie en una criatura amiga.

F. Höderlin

Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días.

Y, entonces, me he puesto a escribir casi a tientas en la madrugada, con urgencia, como quien saliera a la calle a pedir ayuda ante la amenaza de un incendio, o como un barco que, a punto de desaparecer, hiciera una última y ferviente seña a un puerto que sabe cercano pero ensordecido por el ruido de la ciudad y por la cantidad de letreros que le enturbian la mirada.

Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Nos pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que —únicamente— los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.

Mientras les escribo, me he detenido a palpar una rústica talla que me regalaron los tobas y que me trajo, como un rayo a mi memoria, una exposición “virtual” que me mostraron ayer en una computadora, que debo reconocer que me pareció cosa de Mandinga. Porque a medida que nos relacionamos de manera abstracta más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios. Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. Las palabras de la mesa, incluso las discusiones o los enojos, parecen ya reemplazadas por la visión hipnótica. La televisión nos tantaliza, quedamos como prendados de ella. Este efecto entre mágico y maléfico es obra, creo, del exceso de la luz que con su intensidad nos toma. No puedo menos que recordar ese mismo efecto que produce en los insectos, y aun en los grandes animales. Y entonces, no sólo nos cuesta abandonarla, sino que también perdemos la capacidad para mirar y ver lo cotidiano. Una calle con enormes tipas, unos ojos candorosos en la cara de una mujer vieja, las nubes de un atardecer. La floración del aromo en pleno invierno no llama la atención a quienes no llegan ni a gozar de los jacarandáes en Buenos Aires. Muchas veces me ha sorprendido cómo vemos mejor los paisajes en las películas que en la realidad.


Es apremiante reconocer los espacios de encuentro que nos quiten de ser una multitud masificada mirando aisladamente la televisión. Lo paradójico es que a través de esa pantalla parecemos estar conectados con el mundo entero, cuando en verdad nos arranca la posibilidad de convivir humanamente, y lo que es tan grave como esto, nos predispone a la abulia. Irónicamente he dicho en muchas entrevistas que “la televisión es el opio del pueblo”, modificando la famosa frase de Marx. Pero lo creo, uno va quedando aletargado delante de la pantalla, y aunque no encuentre nada de lo que busca lo mismo se queda ahí, incapaz de levantarse y hacer algo bueno. Nos quita las ganas de trabajar en alguna artesanía, leer un libro, arreglar algo de la casa mientras se escucha música o se matea. O ir al bar con algún amigo, o conversar con los suyos. Es un tedio, un aburrimiento al que nos acostumbramos como “a falta de algo mejor”. El estar monótonamente sentado frente a la televisión anestesia la sensibilidad, hace lerda la mente, perjudica el alma.

Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos. No vemos lo que no tiene la iluminación de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes. Ya ni las flores los tienen.

Algo que a mí me afecta terriblemente es el ruido. Hay tardes en que caminamos cuadras y cuadras antes de encontrar un lugar donde tomar un café en paz. Y no es que finalmente encontremos un bar silencioso, sino que nos resignamos a pedir que, por favor, apaguen el televisor, cosa que hacen con toda buena voluntad tratándose de mí, pero me pregunto, ¿cómo hacen las personas que viven en esta cuidad de trece millones de habitantes para encontrar un lugar donde conversar con un amigo? Esto que les digo nos pasa a todos, y muy especialmente a los verdaderos amantes de la música, ¿o es que se cree que prefieren escucharla mientras todos hablan de otros temas y a los gritos? En todos los cafés hay, o un televisor, o un aparato de música a todo volumen. Si todos se quejaran como yo, enérgicamente, las cosas empezarían a cambiar. Me pregunto si la gente se da cuenta del daño que le hace el ruido, o es que se los ha convencido de lo avanzado que es hablar a los gritos. En muchos departamentos se oye el televisor del vecino, ¿cómo nos respetamos tan poco? ¿Cómo hace el ser humano para soportar el aumento de decibeles en que vive? Las experiencias con animales han demostrado que el alto volumen les daña la memoria primero, luego los enloquece y finalmente los mata. Debo de ser como ellos porque hace tiempo que ando por la calle con tapones para los oídos.

El hombre se está acostumbrando a aceptar pasivamente una constante intrusión sensorial. Y esta actitud pasiva termina siendo una servidumbre mental, una verdadera esclavitud.

Pero hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse. No mirar con indiferencia cómo desaparece de nuestra mirada la infinita riqueza que forma el universo que nos rodea, con sus colores, sonidos y perfumes. Ya los mercados no son aquellos a los que iban las mujeres con sus puestos de frutas, de verduras, de carnes, verdadera fiesta de colores y olores, fiesta de la naturaleza en medio de la ciudad, atendidos por hombres que vociferaban entre sí, mientras nos contagiaban la gratitud por sus frutos. ¡Pensar que con Mamá íbamos a la pollería a comprar huevos que, en ese mismo momento, retiraban de las gallinas ponedoras! Ahora ya todo viene envasado y se ha comenzado a hacer las compras por computadora, a través de esa pantalla que será la ventana por la que los hombres sentirán la vida. Así de indiferente e intocable.

No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí. Y entonces ¿cómo? Hay que re-valorar el pequeño lugar y el poco tiempo en que vivimos, que nada tienen que ver con esos paisajes maravillosos que podemos mirar en la televisión, pero que están sagradamente impregnados de la humanidad de las personas que vivimos en él. Uno dice silla o ventana o reloj, palabras que designan meros objetos, y, sin embargo, de pronto transmitimos algo misterioso e indefinible, algo que es como una clave, como un mensaje inefable de una profunda región de nuestro ser. Decimos silla pero no queremos decir silla, y nos entienden. O por lo menos nos entienden aquéllos a quienes está secretamente destinado el mensaje. Así, aquel par de zuecos, aquella vela, esa silla, no quieren decir ni esos zuecos, ni esa vela macilenta, ni aquella silla de paja, sino Van Gogh, Vincent: su ansiedad, su angustia, su soledad; de modo que son más bien su autorretrato, la descripción de sus ansiedades más profundas y dolorosas. Sirviéndose de objetos de este mundo aparentemente seco que está fuera de nosotros, que acaso estaba antes de nosotros y que muy probablemente nos sobrevivirá. Como si esos objetos fueran temblorosos y transitorios puentes para salvar el abismo que siempre se abre entre uno y el universo, símbolos de aquello profundo y recóndito que reflejan; indiferentes y grises para los que no son capaces de entender la clave, pero cálidos y tensos y llenos de intención secreta para los que la conocen. Porque el hombre hace con los objetos lo mismo que el alma realiza con el cuerpo, impregnándolo de sus anhelos y sentimientos, manifestándose a través de las arrugas carnales, del brillo de los ojos, de las sonrisas y de la comisura de sus labios.

Si nos volvemos incapaces de crear un clima de belleza en el pequeño mundo a nuestro alrededor y sólo atendemos a las razones del trabajo, tantas veces deshumanizado y competitivo, ¿cómo podremos resistir?

La presencia del hombre se expresa en el arreglo de una mesa, en unos discos apilados, en un libro, en un juguete. El contacto con cualquier obra humana evoca en nosotros la vida del otro, deja huellas a su paso que nos inclinan a reconocerlo y a encontrarlo. Si vivimos como autómatas seremos ciegos a las huellas que los hombres nos van dejando, como las piedritas que tiraban Hansel y Gretel en la esperanza de ser encontrados.

El hombre se expresa para llegar a los demás, para salir del cautiverio de su soledad. Es tal su naturaleza de peregrino que nada colma su deseo de expresarse. Es un gesto inherente a la vida que no hace a la utilidad, que trasciende toda posibilidad funcional. Los hombres, a su paso, van dejando su vestigio; del mismo modo, al retornar a nuestra casa después de un día de trabajo agobiante, una mesita cualquiera, un par de zapatos gastados, una simple lámpara familiar, son conmovedores símbolos de una costa que ansiamos alcanzar, como náufragos exhaustos que lograran tocar tierra después de una larga lucha contra la tempestad.

Son muy pocas las horas libres que nos deja el trabajo. Apenas un rápido desayuno que solemos tomar pensando ya en los problemas de la oficina, porque de tal modo nos vivimos como productores que nos estamos volviendo incapaces de detenernos ante una taza de café en las mañanas, o de unos mates compartidos. Y la vuelta a la casa, la hora de reunimos con los amigos o la familia, o de estar en silencio como la naturaleza a esa misteriosa hora del atardecer que recuerda los cuadros de Millet, ¡tantas veces se nos pierde mirando televisión! Concentrados en algún canal, o haciendo zapping, parece que logramos una belleza o un placer que ya no descubrimos compartiendo un guiso o un vaso de vino o una sopa de caldo humeante que nos vincule a un amigo en una noche cualquiera.

Cuando somos sensibles, cuando nuestros poros no están cubiertos de las implacables capas, la cercanía con la presencia humana nos sacude, nos alienta, comprendemos que es el otro el que siempre nos salva. Y si hemos llegado a la edad que tenemos es porque otros nos han ido salvando la vida, incesantemente. A los años que tengo hoy, puedo decir, dolorosamente, que toda vez que nos hemos perdido un encuentro humano algo quedó atrofiado en nosotros, o quebrado. Muchas veces somos incapaces de un genuino encuentro porque sólo reconocemos a los otros en la medida que definen nuestro ser y nuestro modo de sentir, o que nos son propicios a nuestros proyectos. Uno no puede detenerse en un encuentro porque está atestado de trabajos, de trámites, de ambiciones. Y porque la magnitud de la ciudad nos supera. Entonces el otro ser humano no nos llega, no lo vemos. Está más a nuestro alcance un desconocido con el que hablamos a través de la computadora. En la calle, en los negocios, en los infinitos trámites, uno sabe —abstractamente— que está tratando con seres humanos pero en lo concreto tratamos a los demás como a otros tantos servidores informáticos o funcionales. No vivimos esta relación de modo afectivo, como si tuviésemos una capa de protección contra los acontecimientos humanos “desviantes” de la atención. Los otros nos molestan, nos hacen perder el tiempo. Lo que deja al hombre espantosamente solo, como si en medio de tantas personas, o por ello mismo, cundiera el autismo.

He visto algunas películas donde la alienación y la soledad son tales que las personas buscan amarse a través de un monitor. Por no hablar de esas mascotas artificiales que inventaron los japoneses, que no sé qué nombre tienen, que se las cuida como si vivieran, porque tienen “sentimientos” y hay que hablarles. ¡Qué basura y qué trágico pensar que ésa es la manera que tienen muchas personas de expresar su afecto! Un juego siniestro cuando hay tanto niño tirado por el mundo, y tanto noble animal camino a la extinción.

Estamos a tiempo de revertir este abandono y esta masacre. Esta convicción ha de poseernos hasta el compromiso.

La vida es abierta por naturaleza, aun en quienes la barrera que han levantado en torno a lo propio pareciera ser más oscura que una mazmorra. El latido de la vida exige un intersticio, apenas el espacio que necesita un latido para seguir viviendo, y a través de él puede colarse la plenitud de un encuentro, como las grandes mareas pueden filtrarse aun en las represas más fortificadas. O una enfermedad puede ser la apertura, o el desborde de un milagro cualquiera de la vida: una persona que nos ame a pesar de nuestra cerrazón O como una gota que golpeara incesantemente contra los altos muros. Y entonces la persona que estaba más sola y cerrada puede ser ella misma la más capacitada por haber sido quien soportó largo tiempo esa grave carencia. Motivo por el cual son muchas veces los que más orfandad han sufrido quienes más cuidado ponen en la persona amada. Amor que nunca se recibe como descontado, que siempre pertenece a la magnitud del milagro. Y esta comprobación que tantas veces hemos hecho en la vida, mal que les pese a algunos psicólogos, es lo que nos alienta a pensar que nuestra sociedad, tan enfermiza y deshumanizada, puede ser quien dé origen a una cultura religiosa, como lo profetizó Berdiaev a principios del siglo xx.

La medicina es una de las áreas donde puede verse una contraola que golpea esta trágica creencia en la Abstracción. Si en 1900 un curandero curaba por sugestión, los médicos se echaban a reír, porque en aquel tiempo sólo creían en cosas materiales, como un músculo o un hueso; hoy practican eso mismo que antes consideraban superstición con el nombre de “medicina psicosomática”. Pero durante mucho tiempo subsistió en ellos el fetichismo por la máquina, la razón y la materia, y se enorgullecían de los grandes triunfos de su ciencia, por el solo hecho de haber reemplazado el auge de la viruela por el del cáncer.

La falla central que sufrió la medicina proviene de la falsa base filosófica de los tres siglos pasados, de la ingenua separación entre alma y cuerpo, del cándido materialismo que conducía a buscar toda enfermedad en lo somático. El hombre no es un simple objeto físico, desprovisto de alma; ni siquiera un simple animal: es un animal que no sólo tiene alma sino espíritu, y el primero de los animales que ha modificado su propio medio por obra de la cultura. Como tal, es un equilibrio —inestable— entre su propio soma y su medio físico y cultural. Una enfermedad es, quizá, la ruptura de ese equilibrio, que a veces puede ser provocada por un impulso somático y otras por un impulso anímico, espiritual o social. No es nada difícil que enfermedades modernas como el cáncer sean esencialmente debidas al desequilibrio que la técnica y la sociedad moderna han producido entre el hombre y su medio. ¿El cáncer no es acaso un cierto tipo de crecimiento desmesurado y vertiginoso?

Cambios mesológicos provocaron la desaparición de especies enteras, y así como los grandes reptiles no pudieron sobrevivir a las transformaciones que ocurrieron al final del período mesozoico, podría suceder que la especie humana fuese incapaz de soportar los catastróficos cambios del mundo contemporáneo. Pues estos cambios son tan terribles, tan profundos y sobre todo tan vertiginosos, que aquellos que provocaron la desaparición de los reptiles resultan insignificantes. El hombre no ha tenido tiempo para adaptarse a las bruscas y potentes transformaciones que su técnica y su sociedad han producido a su alrededor; y no es arriesgado afirmar que las enfermedades modernas sean los medios de que se está valiendo el cosmos para sacudir a esta orgullosa especie humana.

Nuestro tiempo cuenta con teléfonos para suicidas. Sí, es probable que algo se le pueda decir a un hombre para quien la vida ha dejado de ser el bien supremo. Yo mismo, muchas veces, atiendo gente al borde del abismo. Pero es muy significativo que se tenga que buscar un gesto amigo por teléfono o por computadora, y no se lo encuentre en la casa, o en el trabajo, o en la calle, como si fuésemos internados en alguna clínica enrejada que nos separara de la gente a nuestro lado. Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedaran “los medios de comunicación”.

De la misma manera, cuánto mejor es morir en la propia cama, rodeado de afecto, acompañado por las voces, los rostros y los objetos familiares, que en esas ambulancias que atraviesan como bólidos las calles para ingresar al moribundo en una sala esterilizada, en lugar de dejarlo en paz.
Con admiración recuerdo el nombre de algunos viejos médicos cuya sola entrada sanaba al enfermo. ¡Cuánta irónica sonrisa mereció esta deslumbrante verdad!

Es noche de verano, la luna ilumina de cuando en cuando. Avanzo hacia mi casa entre las magnolias y las palmeras, entre los jazmines y las inmensas araucarias, y me detengo a observar la trama que las enredaderas han labrado sobre el frente de esta casa que es ya una ruina querida, con persianas podridas o desquiciadas; y, sin embargo, o precisamente por su vejez parecida a la mía, comprendo que no la cambiaría por ninguna mansión en el mundo.

En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero que el hombre escucha en lo hondo de su alma: es la fidelidad o traición a lo que sentimos como un destino o una vocación a cumplir.

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto sino que se encarna en alguna circunstancia, en un pequeño lugar, en una cara amada, o en un nacimiento pobrísimo en los confines de un imperio.

Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.

El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con un rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizá más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos, pero no obstante poderosa e inmanejable, que nos va haciendo marchar hacia los lugares en que debemos encontrarnos con seres o cosas que, de una manera o de otra, son, o han sido, o van a ser primordiales para nuestro destino, favoreciendo o estorbando nuestros deseos aparentes, ayudando u obstaculizando nuestras ansiedades, y, a veces, lo que resulta todavía más asombroso, demostrando a la larga estar más despiertos que nuestra voluntad consciente.

En el momento, nuestras vidas nos parecen escenas sueltas, una al lado de la otra, como tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo. Mi memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa, entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías. O acaso salgan a la superficie de la conciencia unidas por vínculos absurdos pero poderosos, como una canción, una broma o un odio común. Como ahora, para mí, el hilo que las une y que las va haciendo salir una después de otra es cierta ferocidad en la búsqueda de algo absoluto, cierta perplejidad, la que une palabras como hijo, amor, Dios, pecado, pureza, mar, muerte.

Pero no creo en el destino como fatalidad, como en la tradición griega, o en nuestro tango: “contra el destino, nadie la talla”. Porque de ser así, ¿para qué les estaría escribiendo? Creo que la libertad nos fue destinada para cumplir una misión en la vida; y sin libertad nada vale la pena. Es más, creo que la libertad que está a nuestro alcance es mayor de la que nos atrevemos a vivir. Basta con leer la historia, esa gran maestra, para ver cuántos caminos ha podido abrir el hombre con sus brazos, cuánto el ser humano ha modificado el curso de los hechos. Con esfuerzo, con amor, con fanatismo.

Pero si no nos dejamos tocar por lo que nos rodea no podremos ser solidarios con nada ni nadie, seremos esa expresión escalofriante con que se nombra al ser humano de este tiempo, “átomo cápsula”, ese individuo que crea a su alrededor otras tantas cápsulas en las que se encierra, en su departamento funcional, en la parte limitada del trabajo a su cargo, en los horarios de su agenda. No podemos olvidar que antes la siembra, la pesca, la recolección de los frutos, la elaboración de las artesanías, como el trabajo en las herrerías o en los talleres de costura, o en los establecimientos de campo, reunían a las personas y las incorporaban en la totalidad de su personalidad. Fue la intuición del comienzo de esta ruptura la que llevó a los obreros del siglo xviii a rebelarse contra las máquinas, a querer prenderles fuego. Hoy los hombres tienden a cohesionarse masivamente para adecuarse a la creciente y absoluta funcionalidad que el sistema requiere hora a hora. Pero entre la vida de las grandes ciudades, que lo sobrepasan como un tornado a las arenas de un desierto, y la costumbre de mirar televisión, donde uno acepta que pase lo que pase, y no se cree responsable, la libertad está en peligro. Tan grave como lo que dijo Jünger: “Si los lobos contagian a la masa, un mal día el rebaño se convierte en horda”.

Si cambia la mentalidad del hombre, el peligro que vivimos es paradójicamente una esperanza. Podremos recuperar esta casa que nos fue míticamente entregada. La historia siempre es novedosa. Por eso a pesar de las desilusiones y frustraciones acumuladas, no hay motivo para descreer del valor de las gestas cotidianas. Aunque simples y modestas, son las que están generando una nueva narración de la historia, abriendo así un nuevo curso al torrente de la vida.

La pertenencia del hombre a lo simple y cercano se acentúa aún más en la vejez cuando nos vamos despidiendo de proyectos, y más nos acercamos a la tierra de nuestra infancia, y no a la tierra en general, sino a aquel pedazo, a aquel ínfimo pedazo de tierra en que transcurrió nuestra niñez, en que tuvimos nuestros juegos y nuestra magia, la irrecuperable magia de la irrecuperable niñez. Y entonces recordamos un árbol, la cara de algún amigo, un perro, un camino polvoriento en la siesta de verano, con su rumor de cigarras, un arroyito. Cosas así. No grandes cosas sino pequeñas y modestísimas cosas, pero que en el ser humano adquieren increíble magnitud, sobre todo cuando el hombre que va a morir sólo puede defenderse con el recuerdo, tan angustiosamente incompleto, tan transparente y poco carnal, de aquel árbol o de aquel arroyito de la infancia; que no sólo están separados por los abismos del tiempo sino por vastos territorios.

Así nos es dado ver a muchos viejos que casi no hablan y todo el tiempo parecen mirar a lo lejos, cuando en realidad miran hacia dentro, hacia lo más profundo de su memoria. Porque la memoria es lo que resiste al tiempo y a sus poderes de destrucción, y es algo así como la forma que la eternidad puede asumir en ese incesante tránsito. Y aunque nosotros (nuestra conciencia, nuestros sentimientos, nuestra dura experiencia) hayamos ido cambiando con los años; y también nuestra piel y nuestras arrugas van convirtiéndose en prueba y testimonio de ese tránsito, hay algo en el ser humano, allá muy dentro, allá en regiones muy oscuras, aferrado con uñas y dientes a la infancia y al pasado, a la raza y a la tierra, a la tradición y a los sueños, que parece resistir a ese trágico proceso resguardando la eternidad del alma en la pequeñez de un ruego.

Se ha necesitado una crisis general de la sociedad para que estas sencillas pero humanas verdades resurgieran con todo su vigor. Estaremos perdidos si no revertimos, con energía, con amor, esta tendencia que nos constituye en adoradores de la televisión, los chicos idiotizados que ya no juegan en los parques. Si hay Dios, que no lo permita.

Vuelven a mi memoria imágenes de hombres y mujeres luchando en la adversidad, como aquella indiecita embarazada, casi una niña, que me arrancó lágrimas de emoción en el Chaco porque en medio de la miseria y las privaciones, su alma agradecía la vida que llevaba en ella.

Qué admirable es a pesar de todo el ser humano, esa cosa tan pequeña y transitoria, tan reiteradamente aplastada por terremotos y guerras, tan cruelmente puesta a prueba por los incendios y naufragios y pestes y muertes de hijos y padres.

Sí, tengo una esperanza demencial, ligada, paradójicamente, a nuestra actual pobreza existencial, y al deseo, que descubro en muchas miradas, de que algo grande pueda consagrarnos a cuidar afanosamente la tierra en la que vivimos.

Con todo, mientras digo esto, algo como una visión tremenda me hace sentir que ya pasó la gran pesadilla, que ya hemos comprendido que toda consideración abstracta, aunque se refiera a problemas humanos, no sirve para consolar a ningún hombre, para mitigar ninguna de las tristezas y angustias que puede sufrir un ser concreto de carne y hueso, un pobre ser con ojos que miran ansiosamente (¿hacia qué o hacia quién?), una criatura que sólo sobrevive por la esperanza.

Ya muy cansado, en esta noche de noviembre, la araucaria me trae a la memoria el amor que mi amigo Tortorelli tenía por sus árboles. Era conmovedor, llegaba hasta a abrazar alguno que le recordaba la época en que él mismo había sido guardabosques. Tuvimos la emoción de recorrer con él, por la Patagonia, lugares tan impresionantes como los bosques petrificados, los de arrayanes, y aquellos otros donde se yerguen árboles milenarios. Nos decía, acariciando el tronco de esas formidables araucarias y coihues todavía vivos: “Piensen por un momento que cuando surgió el Imperio Romano y cuando se derrumbó, cuando los griegos y los troyanos combatían por Helena, este árbol ya estaba aquí, y siguió estando cuando Rómulo y Remo fundaron Roma, y cuando nació Cristo. Y mientras Roma llegaba a dominar el mundo, y cuando cayó. Y así pasaron imperios, guerras interminables, Cruzadas, el Renacimiento, y la historia entera de Occidente hasta hoy. Y ahí lo tienen todavía”. También nos dijo que los vientos húmedos del Pacífico precipitan casi toda su agua del lado chileno, de modo que un incendio de este lado es fatal, porque los árboles mueren y el desierto avanza inexorablemente. Entonces, nos llevó hasta el límite de la estepa patagónica y nos mostró los cipreses, casi retorcidos por el sufrimiento que, como dijo, “cubrían la retaguardia”. Duros y estoicos, como una legión suicida, daban el último combate contra la adversidad.

Creo en los cafés, en el diálogo, creo en la dignidad de la persona, en la libertad. Siento nostalgia, casi ansiedad de un Infinito, pero humano, a nuestra medida.

Ernesto Sabato

jueves, 26 de junio de 2008

Algunas Ideas

¿Por qué solamnete se inscribieron cinco docentes al curso de filosofia? de estos 2 asistieron y se incorporaron 5.

¿Por qué no se inscribieron mas de 7 profesoes en el curso de Filosofía?

La asignatura de filosofía es una materia "colchon", se sugiere que se abra un curso antes del inicio del semestre A.

Son pocos los asistentes pero ¿económicamente responde a la inversión? Un docente que se haya inscrito al curso es mas que suficiente y justificable su actualización en ese campo específico. Es importante no sólo justificar el derecho a la capacitación docente, y convertise en un momento de retención al docente. Sino que se realice un diagnóstico específico acerca de las necesidades didácticas, pedagógicas, de contenidos, para que se cumpla con los objetivos previstos.

Algunos otros cursos de las ciencias sociales han desaparecido ya que se da mas importancia a matemáticas o inglés.

Se puede promover un agregado de lógica simbólica (¿qué es esta?) son sistemas axiomaticos que se utilizan en programación. Introducción a la Logica de Irving Cofee es un referente que puede ayudar a explorar esta área.

Estamos en el curso por el coordinador, el jefe de materia o en el sentido que el material que se iba a trabajar en otros cursos hace pensar que retrocedemos en vez de crecer.

Si gran parte de los alumnos se dirigen hacia el estudio de las carreras humanísticas es preciso fortalecer y promover cursos y capacitación a los profesores en este campo del conocimiento.

Los recortes de grupos hacen que los docentes tengan que involucrase en asignaturas que no corresponden al perfil profesional.

Para ser docente universitario debes tener maestria, un buen curriculum, presentar una clase modelo, la maestría no es garantía de acceso a la docencia en el nivel superior. El problema es que en estas instituciones no hay seguridad laboral, servicio social y estas trabajando por contrato.

Asistentes al Curso de Filosofía 2008

Q.F.B Juana María Guerrero López (Plantel 25)
Lic. Psic. Lino García Villalón (Plantel 25)
Lic. Mario Gabriel Rodriguez Delgado (Plantel 19)
Ing. Nicasio Lárraga Reyes (Plantel 30)
Lic. Omar Gonzalez García (Plantel 26 T.V.)
L.E. Margarita González Acevedo (EMSAD 01 Dulce Grande)
Psic. Fernando Valente Huerta González (Plantel 26 T.M)
Mtro. Marco Lira Lozano (Coordinador del Curso)

miércoles, 9 de abril de 2008

Invitación

Estimados todos:
Información sobre la feria de libros que durante tres fines de semana tendremos en la Universidad del Centro de México.Les agradecería de todo corazón reenviaran esta invitación a sus contactos.

Saludos a todos.

Mtro. Marco A. Lira Lozano
Coordinador de la Licenciatura en Filosofía
Universidad del Centro de México

Capitán Caldera # 75Col. TequisquiapanSan Luis Potosí, San Luis Potosí
C.P. 78250Tel. (01-444) 8-13-19-23, ext. 205.Fax. 8-17-25-39
Correo electrónico: mlira@ucem.edu.mx

sábado, 5 de abril de 2008

1er Taller de Recuperción





Se les solicitó a los alumnos del Cobach 26 San Luis IV "Halcones" realizar un "marathon filosófico", ellos diseñaron el tablero, el protocolo, las tarjetas de preguntas con sus respectivas opciones y preguntas extras. Cabe señalar que también incluyeron a la ignorancia, esto es, avanzaba cada que algún alumno no acertaba a la respuesta propuesta.




Este ejercicio permitió a los participantes vivir la filosofía desde otra perspectiva: lúdica, participante, innovadora y creativa.

De este ejercicio se obtuvo el siguiente instrumento que puede servir de evaluación, de exploración o para que demuestres tu conocimiento y dominio de la asignatura.


Ponte a pueba y manda en el apartado de comentarios tus respuestas.



¿Qué significa el término hermenéutica?
a) Contradicción
b) Interpretación
c) Cosa u objeto

¿Quién creó la fenomenología?
a) Vaconcelos
b) León Portilla
c) Edmund Husserl

¿Quién es el creador del método dialéctico?
a) Marx
b) Engels
c) Schopenhauer

¿Qué estudia la ontología?
a) El conocimiento
b) La realidad
c) El bien

Su objeto de estudio es el área de la cultura llamada moral:
a) Axiología
b) Estética
c) Ética

Disciplina filosófica que se ocupa de los valores del arte o de lo bello:
a) Axiología
b) Estética
c) Ética

La que se encarga de los valores en general:
a) Axiología
b) Estética
c) Ética

Es el estudio de los métodos y principios para distinguir una inferencia de otra. Saca conclusiones con la ayuda del razonamiento. Es el instrumento de la filosofía.
a) Ontología
b) Lógica
c) Epistemología

Análisis de las condiciones de posibilidad de la ciencia:
a) Ontología
b) Lógica
c) Epistemología

Disciplina filosófica que es la relación que establecen los seres humanos con sus deidades, los valores, es para comprender el mundo.
a) Epistemología
b) Ética
c) De religión

¿Qué filósofo era el que definía el hombre como un animal político?
a) Aristóteles
b) Descartes
c) Heráclito

Filosofía que centra su atención en costumbres, tradiciones, hábitos y expresiones, artísticas, religiosas, morales, etc.
a) Filosofía Política
b) Filosofía de la Cultura
c) Filosofía de la Religión

Postula a la razón como el principio supremo, se desarrollo en los siglos XVII y XVIII.
a) El Racionalismo
b) La Lógica
c) La metodología

Creó la metafísica moderna, impulso el cartesianismo y llegó al conocimiento por medio del pensamiento.
a) Rene Descartes
b) John Locke
c) Aristóteles

Fue uno de los representantes del racionalismo:
a) Benito Espinosa
b) John Locke
c) Humme

Fue uno de los representantes del empirismo inglés.
a) Benito Espinosa
b) John Locke
c) Guillermo Leibniz

¿Quién es el Dios de la lluvia?
a) Huitzilopochtli
b) Tláloc
c) Quetzalcóatl
¿De qué época era Rene Descartes?
a) Edad Media
b) Época Moderna
c) Época Prehispánica
¿En qué continente nace el renacimiento?
a) Europa
b) Asia
c) América
¿Según Kant dónde se encuentran las condiciones que hacen posible conocer la realidad?
a) Tierra y agua
b) Espacio y tiempo
c) Sol y galaxias
Es una característica del tiempo y el espacio:
a) Materiales
b) Tangibles
c) Inmateriales
¿De qué estaba hecha inicialmente la tierra los animales y los humanos según los mayas?
a) Agua
b) Barro
c) Hueso

¿Qué color representaba el punto cardinal norte para los mayas?
a) Blanco
b) Rojo
c) Negro

¿Cómo se llama el libro maya que relata el origen de la tierra?
a) Libro de los Muertos
b) Biblia
c) Popol vuh

¿Qué tipo de sustancia sería Dios según Descartes?
a) Extensa
b) Divina
c) Pensante

La sustancia que se identifica como el yo es:
a) Extensa
b) Divina
c) Pensante

Al decir que no hay otras clases de tiempo ¿a qué se refiere?
a) Son únicos
b) Variados
c) Hay muchos tipos

Filósofo francés que propuso la 1a regla para la construcción del conocimiento: "no admitir cosa alguna como verdadera sí no se le había conocido evidentemente como tal...
a) René Descartes
b) Rousseau
c) Diderot

La filosofía es lo que se entiende como metafísica o filosofía primera ciencia destinada a explicar los primeros principios causas de las cosas según:
a) Sócrates
b) Platón
c) Aristóteles

A quién se le atribuye el concepto escolar y mundano de la filosofía que dice que es un sistema de todos los conocimientos filosóficos y un modo de vida esencial del hombre.
a) Locke
b) Kant
c) Hume

Filósofo español que propone que la filosofía es una ciencia y un modo de vida:
a) Julián Marías
b) Savater
c) Ortega y Gasset

domingo, 2 de marzo de 2008

Cuadro Comparativo de la Unidad 2

Unidad II Planteamiento filosófico sobre la Naturaleza
Investigación realizada por Herrera Noriega Lincoln Antonio (6°E)

MILESIOS

Tales de Mileto, Mileto, actual Turquía, 624 a.C.-?, 548 a.C.) Filósofo y matemático griego. En su juventud viajó a Egipto, donde aprendió geometría de los sacerdotes de Menfis, y astronomía, que posteriormente enseñaría con el nombre de astrosofía. Dirigió en Mileto una escuela de náutica, construyó un canal para desviar las aguas del Halis y dio acertados consejos políticos. Fue maestro de Pitágoras y Anaxímedes, y contemporáneo de Anaximandro.


EL AGUA. Debemos entender el contexto de Tales, era la primera vez que alguien proponía un elemento natural como origen de todas las cosas, ya no lo atribuye a alguna fuerza personal como en las mitologías. Además, en su decisión debió influir que toda forma de vida depende del agua, vivía en una costa, donde el mar era en mayoría la fuente de vida, por lo que dedujo que todo se reducía a agua. Pero nos e quedo ahí, el postulo que todo estaba formado por esta, que el agua solo se transformaba; y podía volver a su estado original.

Anaximandro de Mileto Nació aproximadamente en el 610 a.C. y murió en el 545 a.C. Teofrasto describe a Anaximandro como discípulo y compañero de Tales, siendo unos catorce años más joven que él. Se ocupó, al igual que Tales, de cuestiones prácticas relacionadas con la ciencia y se le atribuye la elaboración de un mapa del mar Negro, probablemente para uso de los navegantes milesios que viajaban por él. Al igual que otros filósofos griegos participó activamente en la vida política de su ciudad, y se le atribuye la dirección de una expedición colonizadora a Apolonia.


APEIRON. Anaximandro pensaba que si todo se reducía a agua, entonces, ¿Cómo se creaban los elementos contrarios a esta?, como el fuego ni el calor. Así que supuso que si todo debía de venir de un solo origen, este debería ser una masa indiferenciada de gran tamaño en la que todos lo elementos, aun los contrarios entre si, no estuvieran definidos, pero si en un modo latente, fusionados, en fin. Todo surge del Apeirón, pero este no es ninguna de las cosas a las que da lugar, por lo que se encuentra en constante movimiento. En otras palabras, todas las cosas surgen del Apeirón por un proceso de separación de los contrarios causado por un movimiento eterno.

Anaxímenes(?, H. 588 a.C.-?, h. 534 a.C.) Filósofo griego. Discípulo de Anaximandro y de Parménides, se desconocen la mayor parte de los detalles de la biografía de Anaxímenes y de sus actividades. Según la información del historiador Apolodoro, Anaxímenes vivió hacia la época de la toma de Sardes y murió antes de que la ciudad de Mileto fuera destruida (494 a.C.).


EL AIRE. El propone el aire como sustancia primigenia porque lo asocia con la respiración, que también como el agua para Tales, es esencial para la vida, así que todo debe provenir de el. Explica la transformación de este en los demás de este a través de un proceso de rarefacción y condensación, a través del cual da a lugar a todo lo que existe. Al enrarecerse, se vuelve fuego; al condensarse, en viento; al condensarse mas, en nube, luego en agua, después en tierra y por ultimo en piedra. Así que para el todas las sustancias son el aire con diferentes cambios de densidad.

Pitágoras(Isla de Samos, actual Grecia, h. 572 a.C.-Metaponto, hoy desaparecida, actual Italia, h. 497 a.C.) Filósofo y matemático griego. Se tienen pocas noticias de la biografía de Pitágoras que puedan considerarse fidedignas, ya que su condición de fundador de una secta religiosa propició la temprana aparición de una tradición legendaria en torno a su persona.


EL NÚMERO. Hasta ahora, todos han propuesto un elemento tangible, corpóreo, como origen. Pero Pitágoras propone algo completamente distinto; ellos proponen el principio no en la materia, sino en la forma. Postulan a los números como origen de todo. La fundamentación decisiva la encontró en la música. Descubrió que la armonía depende de las relaciones numéricas según la longitud de las cuerdas de la lira. También descubrió que la escala musical se puede expresar aritméticamente con los números 1, 2, 3 y 4; que sumados dan 10, numero perfecto para los pitagóricos (tetrakys). Pitágoras considero que cosmos estaba estructurado de un modo parecido, que lo esencial sean las diferencias cuantitativas.

Heráclito de Efeso (Éfeso, hoy desaparecida, actual Turquía, h. 540 a.C.-Éfeso, id., h. 470 a.C.) Filósofo griego. Muy poco se sabe de la biografía de Heráclito de Éfeso, apodado el Oscuro por el carácter enigmático que revistió a menudo su estilo, como testimonia un buen número de los fragmentos conservados de sus enseñanzas.


EL FUEGO. Heráclito afirma que todo el universo se encuentra en un cambio constante, que no hay nada que permanezca igual en dos momentos distintos. No hay nada que pueda considerarse permanente; lo único autentico, verdadero en la realidad es el devenir, pero no es un devenir caótico, sino uno organizado, cuya ley universal es el logos. Este logos es eterno y rige todo. La acción del logos recae en un objeto material, del que están hechas todas las cosas; que se encuentra en constante cambio: el fuego, que siempre se encuentra consumiendo y destruyendo.

Parménides de Elea(Elea, actual Italia, h. 540 a.C.-id., h. 470 a.C.) Filósofo griego. Apenas se conocen datos fiables sobre la biografía de Parménides. Su doctrina, todavía objeto de múltiples debates, se ha reconstruido a partir de los escasos fragmentos que se conservan de su única obra, un extenso poema didáctico titulado Sobre la naturaleza.


EL SER. Parménides representa una postura por completo contraria a la de Heráclito, para este el cambio es lo esencial, pero para Parménides, en cambio, el movimiento es imposible, es solo apariencia, pues el verdadero ser es inmutable. Los sentidos nos dicen que el mundo cambia, que hay muchas cosas que son y que dejan de ser; son y no son. Pero la razón nos dice que esto no puede ser así, porque “el ser es, y es imposible que no sea” y junto a esto afirma: “el no ser no es y no puede ni siquiera hablarse de el”, y una tercera afirmación: “Es lo mismo el ser que el pensar”.


MEDIEVALES Y MODERNOS


Tomas de Aquino (Llamado Doctor Angélico; Roccaseca, actual Italia, 1224-Fossanuova, id., 1274) Teólogo y filósofo italiano. Hijo de una de las familias aristócratas más influyentes de la Italia meridional, estudió en Montecassino, en cuyo monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de artes y teología y entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores.


LA REALIDAD ESPACIO TEMPORAL. Aquino menciona que hay dos sentidos complementarios de la creación a partir de la nada, el sentido filosófico implica que no hay causa material en la creación y la criatura es naturalmente mas un no ser que un ser; y el sentido teológico, que depende de la fe, y puede ser conocido solo por revelación. También distingue dos ideas de Eternidad: la predicada por Dios, en la que la existencia no es sucesiva, sino totalmente actual, sin antes ni después; y la Eternidad predicada del universo; que significa una duración sin comienzo ni fin de tiempo, en la cual hay sucesión e tiempos antes y después.

René Descartes (La Haye, Francia, 1596 - Estocolmo, Suecia, 1650) Filósofo y matemático francés. René Descartes se educó en el colegio jesuita de La Flèche (1604-1612), donde gozó de un cierto trato de favor en atención a su delicada salud. Obtuvo el título de bachiller y de licenciado en derecho por la facultad de Poitiers (1616), y a los veintidós años partió hacia los Países Bajos, donde sirvió como soldado en el ejército de Mauricio de Nassau. En 1619 se enroló en las filas del duque de Baviera; el 10 de noviembre, en el curso de tres sueños sucesivos, René Descartes experimentó la famosa «revelación» que lo condujo a la elaboración de su método.


LA SUSTANCIA. Descartes comparte la misma definición de sustancia acuñada por Aristóteles: aquello que existe por si mismo y no necesita de otra realidad para existir. Para el pensador francés, existen tres tipos de sustancias: la pensante, se identifica como el yo, la extensa, se identifica como el todo físico, el cuerpo de las personas esta incluido en este todo físico, la divina, se identifica como Dios. El dice: “conocí de ahí que yo era una sustancia cuya esencia o naturaleza toda no es sino pensar, y que, para ser, no tiene necesidad de ningún lugar ni depende de ninguna cosa material, de suerte que este yo, es decir, el alma, por la cual soy lo que soy, es enteramente distinta al cuerpo”, en esta idea establece que el yo y el pensamiento son la misma cosa, y además establece la diferencia entre sustancia pensante y sustancia extensa. Dios es la sustancia infinita que crea la sustancia extensa y la pensante.

Immanuel Kant (Königsberg, hoy Kaliningrado, actual Rusia, 1724-id., 1804) Filósofo alemán. Hijo de un modesto guarnicionero, fue educado en el pietismo. En 1740 ingresó en la Universidad de Königsberg como estudiante de teología y fue alumno de Martin Knutzen, quien lo introdujo en la filosofía racionalista de Leibniz y Wolff, y le imbuyó así mismo el interés por la ciencia natural, en particular, por la mecánica de Newton.

EL ESPACIO Y EL TIEMPO. Kant afirma que el espacio, lejos de estar derivado de la experiencia, es el supuesto de esta, porque no podemos tener experiencia de nada, sino en el espacio. Porque el pensamiento de las cosas supone ya el espacio, pero el pensamiento del espacio no supone las cosas.


El espacio y el tiempo son a priori, o sea, independiente de la experiencia, esto se comprueba con un ensayo mental que Kant nos invita a realizar, y es que podemos pensar muy bien en el tiempo o el espacio sin acontecimientos, pero no podemos de ninguna manera concebir un acontecimiento u objeto sin el Espacio o el Tiempo.


Comentarios No Pedidos

Este trabajo se me hizo muy interesante ya que pude ver como pensaban antes nuestros decendientes para tener una concepción de la naturaleza y así responder sus dudas de cómo se pudieron formar todo lo que le rodeaba. Así como definir bien algunas palabras que actualmente usamos en algunas de nuestras materias. (David Benítez Domínguez, 6°E General).

Pienso que en esta 2ª unidad tuve otra percepción muy distinta de cómo fue el inicio del todo, ya que por medio de todos estas filósofos presocráticos, pude darme cuenta de los distintos puntos de vista y percepciones de cada, el como llegaron a estos pensamientos y sobre todo el como trascendieron.

También pude conocer más acerca de dos de las culturas más importantes de nuestra historia La Cultura Maya y La Cultura Azteca. Identificarme mas con ellas y ver el como pensaban y la percepción en esa época de religiones y principios de nuestro planeta. (Celia Monsivais Castro López Monsivais 6° D Arte)

P.D: Q mala onda profe si me mando a extra, creo q no lo merecía, pero bueno, va a ver que lo voy a pasar y de ahora en adelante le voy a poner una atención especial a su materia para que vea que si puedo con ella oks.

P.D: Sin Rencores Sale…

miércoles, 6 de febrero de 2008

Aforismos de Ciorán

Existe un placer innegable en saber que lo que se hace no posee ninguna base real, que da lo mismo realizar un acto que no realizarlo. Sin embargo, en nuestros gestos cotidianos contemporizamos con la Vacuidad, es decir, alternativamente y a veces al mismo tiempo, consideramos este mundo como real e irreal. Mezclamos verdades puras con verdades sórdidas, y esa amalgama, vergüenza del pensador, es la revancha del ser normal.

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Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos.


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Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.


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¿Para qué nos agitamos tanto? Para volver a ser lo que éramos antes de ser.


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Habiendo vivido día tras día en compañía del Suicidio, sería injusto e ingrato que lo denigrara ahora. ¿Existe algo más sano, más natural ? Lo que no lo es, es el apetito rabioso de existir, tara grave, tara por excelencia, mi tara...

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Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?


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Emil Michel Cioran nace en Rasinari, Rumania, en 1911, y muere en París, en 1995. Profesor de la Universidad de Bucarest, es una de las figuras más destacadas de su país, que abandonó en 1937 para establecerse en París. Su pensamiento, incluido en el campo existencialista y presentado por voluntad de su autor en forma fragmentaria y asistemática, es para muchos una incansable reflexión sobre el vacío y la desesperación, aunque para otros, incluido el propio Cioran, constituye una exaltación vital y casi salvaje. Su obra está escrita originalmente en francés, salvo un primer libro en rumano: En las cimas de las desesperación (1934). Obras: Breviario de podredumbre (1949), La tentación de existir (1956), Historia y Utopía (1960), La caída en el tiempo (1964), Del inconveniente de haber nacido (1973), El aciago Demiurgo (1974), Desgarradura (1979), Adiós a la filosofía y otros textos (1982) -textos seleccionados por Fernando Savater-, Contra la Historia (1983), Ensayo sobre el pensamiento reaccionario (1985), y este año Tusquets Editores ha publicado Cuadernos 1957-1972, selección de treinta y cuatro cuadernos manuscritos que dejó Cioran a su muerte, escritos desde el 26 de junio de 1957 hasta finales de 1972.